CASA DEL MAESTRO PENAGOS

Calle 71A # 14A-9

ARTISTA: TONY, CAM

En el barrio Concepción Norte, sobresale esta colorida casa esquinera que se ha mantenido en pie durante más de sesenta años, hogar del Maestro Fabio Penagos Agudelo, un pintor colombiano con una vida llena de arte e historias por contar. 

La casa es herencia de su padre, que la compró cuando Fabio aún cursaba sus estudios de bachillerato. 

En 2023, la fachada de la casa fue remodelada conjuntamente por los grafiteros bogotanos TONY y CAM; que a través de este mural celebran la creatividad, el talento y la pasión que caracterizaron al Maestro Penagos a lo largo de su carrera.

 La obra abarca toda la superficie; retratándolo entre nubes y con los ojos puestos en el horizonte; mirando hacia el norte, donde el sol cada mañana besa los colores de su rostro; de espaldas a un fondo azul que contrasta con el magenta del muro oriental, donde un árbol de Bougainvillea (bugambilia) ha escalado para dar sombra a la entrada de su casa.

Una imagen gigante de la flor de este arbusto trepador abraza la parte superior del pórtico, dónde el maestro sale a tomar el sol y a regar sus plantas.

 La puerta de Fabio da hacia un vívido jardín donde cohabitan vincas y helechos, flores de ruda y de caléndula. Incluso tiene un eucalipto que se rehúsa a morir; aunque no es del todo un eucalipto, es un árbol de género Angophora, de la familia de las Myrtaceae; que se diferencia de otras especies de eucalipto por tener hojas distribuidas en pares opuestos: unas elípticas y otras lanceoladas.

La remodelación de esta fachada fue un encuentro personal entre artistas; tras la finalización de la obra, en una breve entrevista que concedió Don Fabio, salieron a la luz los detalles sobre sus inicios en el arte: Sus primeras pinceladas las dio teniendo doce años; aún cursaba el colegio. Cada año estaba más cerca de graduarse, y a la vez, más cerca de la edad para definir su situación militar; requisito que por entonces debía cumplir antes de entrar a estudiar en la universidad.

 Se presentó a la Armada Nacional en Cartagena. Allí alcanzó el rango de Capitán de Marina; ascenso que más tarde coincidió con el estallido social que dio paso a las dos décadas más sanguinarias de la historia política colombiana, causada por la guerra declarada entre los dos partidos predominantes de la época: el partido liberal y el partido conservador.

Por aquel entonces, el partido liberal se encaminaba hacia horas oscuras: Su colapso definitivo llegó con el asesinato de su líder y candidato más cercano a interrumpir la hegemonía del partido conservador: Juan Roa Sierra asesinaría a Jorge Eliécer Gaitán Ayala el nueve de abril de 1948, día que hoy se conoce como “El Bogotazo”. Este magnicidio dio paso a dos décadas de sangrienta guerra política que cobró mas de 190.000 vidas y desplazó a otros dos millones de personas (según datos de la Universidad de Los Andes recopilados en 2003). Este es el periodo que nuestros padres y abuelos conocen como ’La Violencia’.

Agentes armados conservadores masacraban simpatizantes de su partido enemigo, causando el levantamiento de guerrillas liberales enfocadas a la defensa y la venganza. Brazos violentos de ambos bandos prosperaron en regiones con total ausencia estatal.

Tanto impregnó esta época a la cultura colombiana que, en adelante, las afiliaciones partidistas tomarían, incluso, connotaciones morales y religiosas.

El malestar y el temor llegaban hasta las ciudades. La situación estaba obligando a militares de diferentes áreas a combatir. Cuando fue el turno de los Marinos, el padre de Don Fabio profirió palabras preocupadas y premonitorias:

“- Pida la baja mijo, porque algún día uno se tiene que morir; pero que lo manden de una

vez a ser carne de cañón: No… yo no quiero que me lo maten.-“

Fabio obedeció a su padre; pidió la baja y regresó a Bogotá. Aquí se inscribió en la carrera de artes de la Universidad Nacional, donde tomó clases con el pintor colombo-español Alejandro Obregón y el colombiano Enrique Grau. En sus trabajos académicos desarrolló una marcada habilidad para retratar la figura humana y la fisonomía animal. Utilizó óleos y acuarelas, pero con el tiempo llegó al país (y a sus manos) la pintura acrílica, que Fabio considera un tipo de pintura muy agradecido, ya que al secarse toma una consistencia cauchosa que previene el deterioro por la radiación lumínica.

El maestro Fabio Penagos aún se dedica a la pintura; es un amor para toda la vida. Para él ha sido y seguirá siendo el medio de expresión para su historia, su experiencia, sus anhelos, sus recuerdos, su alegría y su huella en la tierra. Y ahora con su casa cubierta de color, la pintura es también su hogar, su protección y su propio mundo.