la espera

Calle 69 No. 17 - 97

ARTISTA: KABE ONE

El desplazamiento forzado interno en Colombia es una lamentable realidad que tiene su germen en diferentes causas.

En varias zonas rurales, actores armados delimitan territorios arbitrariamente y presionan a la población para financiar sus actividades violentas; quien no cede a las amenazas debe irse con todo lo que posee y todos los que ame.

Otra dimensión del problema la viven los grupos indígenas asentados en las selvas, que afrontan el desconsuelo de verse condicionados a abandonar las tierras que les fueron dadas como herencia ancestral, pero que, para su fortuna y su desgracia, poseen enormes riquezas naturales renovables y no renovables; motivo que las ha puesto en el radar de multinacionales listas para explotar masivamente a costa del exterminio y el destierro de sus pobladores.

Una serie de informes del centro nacional de memoria histórica y la unidad para la atención y reparación integral a las víctimas, habla de una preocupante cantidad de personas que se han visto forzadas a desplazarse dentro y fuera del territorio nacional; lo cual las ha obligado a abandonar sus hogares, sus tierras, sus bienes, sus costumbres, sus comunidades y sus medios de vida.

Según el Registro Único de Víctimas (RUV), Colombia tiene un acumulado histórico de casi 8.219.403 víctimas de desplazamiento forzado por eventos ocurridos desde 1985 hasta finales de 2021.

Esta cifra posiciona a Colombia, después de Siria, como el segundo país a nivel mundial con la mayor cantidad de desplazados internos. En contraste, nuestro país ha recibido casi la mitad de los siete millones de ciudadanos venezolanos que salieron de su país empujados por la crisis que generó su gobierno.

 

‘LA ESPERA’ es una obra inspirada en el fenómeno de la migración desde los pueblos a las capitales; el personaje es un niño apoyado en un poste, rodeado de sus pocas pertenencias: bajo su pie izquierdo, cajas de ropa y elementos básicos; a su derecha, los productos que gratuitamente y en abundancia produce esa tierra que ya no es suya.

En sus manos, el niño porta las herramientas que simbolizan su esperanza de progreso: un cuaderno de bocetos y un lápiz que le dan la oportunidad de desarrollar un arte y de aprender lecciones tan importantes como la de sobrevivir en un mundo indiferente.

Las almas raptadas por el infierno del desplazamiento llegan a su aleatorio destino con el anhelo de recuperar la paz en la que alguna vez vivieron. Sin más opciones que seguir adelante, se plantean nuevos ideales para perseguirlos sin descanso, haciendo lo que está a su alcance para llegar al día en que puedan decir que la espera por un mejor vivir al fin ha terminado.