LA MAPIRIPANA

Calle 71A # 14A-9

ARTISTA: B-ONE

B-one es artista, ilustrador, diseñador gráfico y director de arte nacido en Bogotá, con una larga trayectoria de más de veinte años en la exploración de técnicas para el desarrollo del graffiti.

Sus inicios en el graffiti se remontan hacia el año 2004, donde probó estilos de ilustración en 3D y creación de personajes. Desde entonces ha sido profundamente influenciado por la cultura chicana: movimiento incubado en los barrios latinos de Estados Unidos, caracterizados por heredar modelos lingüísticos e iconográficos tradicionales de México; y cuya población actualmente sufre un alto índice de discriminación.

B-one define su trabajo netamente como ‘Chicano Art’; explotando esta corriente desde los muros, las marcas de ropa más conocidas del movimiento, y hasta la industria musical, colaborando con artistas internacionales en la producción y dirección de arte de discos, visuales y merchandise.

Para pintar la receta no es sencilla: El beat del Rap Chicano de fondo. En la cabeza; las historias alrededor de las ‘Chicano Gangs’. En el corazón; la admiración por esta cultura y el amor a las letras. Y en las pupilas; la escritura Ganguera, ‘The Chicano Lettering’.

Apoyado en estos recursos, B-one ha logrado dar a conocer su trabajo en diferentes latitudes del globo por su línea gráfica conceptual marcada y definida, rica en detalles, elementos culturales, limpieza, destreza técnica y exclusividad.

Esta obra está inspirada en La Mapiripana, india sacerdotisa de los silencios, celadora de manantiales y lagunas, mencionada en la obra literaria ‘La vorágine’, de José Eustaquio Rivera.

En la obra; un arco de hojas de árbol de caucho (Hevea brasiliensis), que alberga en su interior al personaje principal, una mujer que expresa en silencio su duelo por las muertes de los indígenas que perecieron víctimas de los ambiciosos buscadores de riqueza durante la fiebre del caucho en las amazonas.

La Mapiripana tiene una máscara anti-gas frente a su rostro, que representa el carácter nefasto de ese tóxico y cruel capítulo de la historia social y económica de los territorios amazónicos (Brasil, Perú, Colombia, Bolivia, Ecuador y Venezuela).

A su lado, yacen osamentas indígenas; un respetuoso símbolo de los vestigios físicos de quienes perdieron su vida durante los treinta años que duró este capítulo, escrito por la codicia del hombre con la sangre de más de 40.000 inocentes. Pero la injusticia no prevalece; una noche de luna llena, la absurda masacre llegó a su fin.